viernes, 29 de noviembre de 2019

El concepto de ideología según Teun A. van Dijk


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Ideología: la propuesta de Teun A. van Dijk en el ACD.

En su artículo “El discurso como interacción en la sociedad”, en El discurso como interacción social (2000) de Teun A. van Dijk se afirma que la ideología es una noción importante que establece un vínculo entre el discurso y la sociedad. 

a) Conocimiento vs Ideología

Se podría decir que las ideologías se parecen al conocimiento. Sin embargo, lo que es conocimiento para un grupo puede ser ideología para otros. Las ideologías pueden ser más fundamentales, representan los principios subyacentes de la cognición social y así logran formar la base del conocimiento, sus actitudes y creencias. El conocimiento se define como creencias que fueron verificadas según algún criterio o estándar de verdad, pero las ideologías también pueden ser “objetivamente” verdaderas o falsas. Las ideologías dominantes pueden ser inherentemente falsas, pero si un grupo de poder es capaz de manipular las ideologías de los grupos dominados mediante campañas de desinformación, mediante el control de los medios, por ejemplo, el criterio de validez ideológica no es la verdad es la eficacia social: las ideologías deben funcionar para servir de forma óptima a los mejores intereses del grupo como un todo. Sean falsas o verdaderas las ideologías controlan lo que los propios grupos usualmente consideran que son creencias verdaderas.

b) Grupo dominante

Las ideologías son desarrolladas por grupos dominantes para reproducir y legitimar su dominación. El discurso es esencialmente un medio por el cual las ideologías se comunican de un modo persuasivo en la sociedad y de ese modo ayuda a reproducir el poder y la dominación de grupos o clases específicas. Los grupos dominados, como resultado de la propaganda y la manipulación tienen una representación de su propia posición que es inconsistente con sus mejores intereses. Sin embargo, esta concepción es unilateral y demasiado superficial, ya que coloca a los grupos dominados como incautos ideológicos e ignora que estos puedan desarrollar sus propias ideologías de resistencia. Las ideologías sirven así para resolver el problema de la coordinación de los actos o las prácticas de los miembros sociales individuales de un grupo. Sirve para coordinar las prácticas sociales de los miembros del grupo dominante de modo de perpetuar su posición de dominio como grupo. Las ideologías son inherentemente sociales y no meramente personales o individuales ya que son compartidas por los miembros de grupos, organizaciones y otras colectividades sociales de personas. La ideología usa el lenguaje para propósitos internos, las ideologías sirven para definir grupos y su posición dentro de estructuras sociales complejas. Las ideologías poseen representaciones de criterios de pertenencia y acceso al grupo, acciones típicas y objetivos, normas y valores, la posición social en relación con otros grupos así como los recursos sociales del grupo. No se les dice exactamente o directamente a cada miembro social cómo actuar en cada situación, más bien sirven para que los grupos desarrollen representaciones compartidas, generales y mutuamente coherentes en dominios grandes o problemas importantes de la vida social y cultural, tales como la vida y la muerte, la dominación y la subordinación, el crimen y castigo, la transgresión y la obediencia, etc. (2000: 52-53) Los miembros utilizan las ideas generales para construir las específicas en sus vidas cotidianas. Así es como se relacionan las ideologías sociales con las prácticas individuales de los miembros de un grupo, incluyendo el discurso. Se puede inferir la pertenencias grupal e ideologías de los actores sociales a partir de sus practicas sociales y categorizar a alguien. (2000: 58)
Es necesario además, saber qué forma poseen las ideologías. Estas representan los intereses y la autodefinición del grupo, por ende, deberán, exhibir un esquema del grupo que posea las contrapartes mentales de las categorías sociales que postulamos más arriba para describir una identidad grupal: pertenencia, actividades, objetivos, valores, posición y recursos. Estos esquemas  son autorrepresentaciones tipicamente positivas que no son necesariamente fáticas y egoístas. El esquema solamente codifica la identidad específica de un grupo y sus relaciones con otros grupos.  (2000: 57)

c) Polarización ideológica

¿Qué es ideológico en el texto y el habla y en qué contexto? Las primeras condiciones son contextuales: los usuarios del lenguaje deben hablar o escribir como miembros de grupos. Esto ocurre en general para todas las expresiones que utilizan pronombres que representan grupos sociales: nosotros y ellos. La polarización ideológica se manifiesta a través de referencias a diferentes grupos y a sus diferentes puntos de vista sociales acerca de la situación de las minorías, por lo general las referencias son generales y abstractas. Teniendo en cuenta las estructuras supuestas de las ideologías, podemos ver las expresiones discursivas de identidad, actividades, valeres, posición y recursos grupales. Son cruciales en este caso las representaciones de la posición social, de los grupos internos y los grupos externos. Podemos esperar encontrar el énfasis en nuestras buenas cosas y en sus malas cosas, y recíprocamente, la negación o atenuación de nuestras malas cosas y, de sus buenas cosas. Esto es un “cuadro ideológico”, la autorepresentación positiva y presentación negativa del otro, puede encontrar su expresión en los siguientes de niveles de descripción del discurso: 
  • Selección del tema
  • Organización esquemática
  • Significados locales
  • Lexicalización
  • Estilo
  • Mecanismos retóricos
Se puede esperar que la información sea detallada, específica y destacada cuando nos sirve a nosotros, y muy general, imprecisa o de bajo nivel cuando no lo hace. También, con el sentido semántico, esto puede ocurrir  mediante variaciones de la entonación, la exhibición gráfica, el orden de palabras u otros medios que hacen que la información sea más o menos prominente y, por lo tanto, más o menos perceptible y memorable. Los argumentos pueden ser específicos, pero presuponen premisas generales implícitas que se derivan de actitudes grupales.  En síntesis, si la meta implícita del texto o el habla es expresar y transmitir de un modo persuasivo las impresiones del grupos, podemos suponer en general que estas son ideológicas. Además, tan pronto como las descripciones de sucesos, situaciones, acciones y personas implican buenas y malas cualidades de los grupos sociales, o involucran intereses en conflicto entre grupos, el discurso será por lo general ideológico. El poder y el control grupal sobre el discurso están controlados por las ideologías. Influyen sobre el discurso y las práticas sociales del grupo. (2000: 62)

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Aproximación al problema de la “masculinidad tóxica”


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El propósito de los siguientes párrafos es definir el concepto de masculinidad tóxica para así tener una mejor comprensión de lo que esto significa dentro de nuestra sociedad. Si separamos el sustantivo (masculinidad) de su adjetivo (tóxico) podríamos encontrar en el diccionario de la Real Academia Española las siguientes acepciones:

a) Masculinidad: Perteneciente o relativo al género masculino.
b)Tóxico: Que contiene veneno o produce envenenamiento.

Este ejercicio léxico definiría a la masculinidad tóxica como algo “relativo al género masculino que produce envenenamiento”. Sin embargo, el diccionario omite toda la historia y las investigaciones antropológicas, sociológicas y psicológicas sobre lo que significa la masculinidad y el género masculino.

Martín Casares (2008) en Antropología del género: culturas, mitos y estereotipos sexuales advierte que los trabajos sobre masculinidad que comenzaron a aparecer en los años 90 están realizados partiendo de la perspectiva de género, preconizando la necesidad de deconstruir la masculinidad tradicional para así construir nuevas masculinidades, libres, ricas y plurales, al tiempo que se plantean estrategias y se proponen nuevos modelos emergentes y así, desarrollar un nuevo paradigma de lo masculino. Ahora bien, ¿porque con la larga historia del feminismo, los hombres se tardaron para desarrollar un estudio de las masculinidades? Martín Casares ofrece una respuesta a esto:

“Instalados en una posición social de dominio –en relación a las mujeres– no les ha sido preciso, globalmente hablando, analizar sus formas de comportamiento, sus reacciones, sus problemas, y tienden a pensar que su forma de proceder es natural, espontánea, derivada de su personalidad, comportamientos y actitudes percibidos como intocables. […] Invisibiliza las “anormalidades” y psicopatologías masculinas que quedan casi asi inombradas e impensadas. Así, la anormalidad sigue quedando del lado de las mujeres, la patologización-descalificación psíquica de ellas es la regla, y la invisibilización de lo anormal/patológico masculino se perpetúa.” (268-270)

Entonces, ¿cuál es la patología de los hombres que tenemos normalizada y de qué manera la anormalizamos? Esto ya esta siendo realizado. Debido a que la década  esta marcada por el movimiento #metoo y los estudios y propuestas feministas –que se comparten en las redes sociales de manera más fácil– la mayoría de la sociedad ahora se encuentra utilizando expresiones que denotan comportamientos agresivos o de superioridad hacia las mujeres por parte de los hombres. No es sorpresa que el término –quizá el más polémico– “masculinidad tóxica” sea conocido y utilizado por gran parte de la sociedad. En términos generales, la masculinidad tóxica hace referencia a un modelo en específico de hombría que expresa una serie de creencias y comportamientos negativos que los hombres siguen para considerarse “verdaderos hombres”. Existen otras maneras de llamar a las cualidades de la “masculinidad tóxica”: hipermasculinidad, masculinidad tradicional, masculinidad regular, etc. El problema comienza cuando se cuestiona si el término afirma que toda la masculinidad es tóxica. Los hombres no quieren que su masculinidad sea definida como tóxica cuando ellos no realizan agresiones en contra de mujeres. Así, términos acuñados por la teoría feminista, como masculinidad tóxica, tienen la apariencia de acometer en contra de la masculinidad de todos los hombres. La respuesta de las feministas no parece ser suficiente: con “masculinidad tóxica” sólo se refiere a ciertos aspectos como la falta de socializar emociones, reacciones violentas, la hipercompetitividad, la intimidación, la depredación, el trato a mujeres como objetos, etc. Quizá la cuestión es que el término incluye a la palabra “masculinidad” y no se puede afirmar que la masculinidad sea negativa, ni ciertos aspectos de esta, ya que lo “tóxico” no proviene de la masculinidad únicamente. Ambos lados de la discusión afirman que estos comportamientos negativos también los poseen las mujeres. A pesar de la controversia, las personas feministas continuan su uso para expresar y dar a comprender aquellos comportamientos negativos que dañan a las mujeres.

Entonces, ¿cuál es el significado de este término y por qué resulta tan problemático? Para comprender este concepto es necesario retomar los avances de la teoría de género a partir de Rodríguez Magda (1999) en su ensayo “El cuerpo-especie y la verdad del sexo.”, en Foucault y genealogía de los sexos, donde se indica que según las aportaciones de Robert J. Stoller:


el vocablo “sexo” se refiere a los componentes biológicos que distinguen al macho de la hembra, relacionándose pues con la anatomía y la fisiología; mientras que el término “género” engloba aspectos esenciales de la conducta (afectos, pensamientos, fantasías…) que aún hallándose ligados al sexo, no dependen de factores biológicos. El vocablo género no tiene un significado biológico, sino psicológico y cultural. Los términos que mejor corresponden al sexo son “macho y hembra”, mientras que los que mejor califican al género son “masculino” y “femenino”, éstos pueden llegar a ser independientes del sexo (biológico). […] el género es una categoría compleja y múltiplemente articulada que comprende: 1) atribución, asignación o rotulación de género, 2) la identidad de género, que a su vez se subdivide en el núcleo de la identidad y la identidad propiamente dicha, y 3) el rol de género. La atribución de género se realiza de forma inmediata ante la visión del sexo anatómico del bebé, lo cual desencadena un estímulo social de rotulación, comportamientos y expectativas. […] El rol de género es el conjunto de expectativas acerca de los comportamientos sociales apropiados para las personas que poseen un sexo determinado.

Para Sculos (2017) la “masculinidad tóxica” es: 

Norms, beliefs, and behaviors often associated with toxic masculinity include: hyper-competitiveness, individualistic self- sufficiency (often to the point of isolation nowadays, but still, and more commonly in the pre- Internet days, in a parochial patriarchal sense of the male role as breadwinner and autocrat of the family), tendency towards or glorification of violence (real or digital, directed at people or any living or non-living things), chauvinism (paternalism towards women), sexism (male superiority), misogyny (hatred of women), rigid conceptions of sexual/gender identity and roles, heteronormativity (belief in the naturalness and superiority of heterosexuality and cisgenderness), entitlement to (sexual) attention from women, (sexual) objectification of women, and the infantilization of women (treating women as immature and lacking awareness or agency and desiring meekness and “youthful” appearance). This list is not meant to be exhaustive.


Moore y Gillette (1993) afirman que la masculinidad esta en crisis: 
“A fines del siglo veinte nos enfrentamos a una crisis de identidad masculina de vastas proporciones. […] Observamos los sistemas familiares y vemos la ruptura de la familia tradicional. Cada vez con mayor frecuencia las familias exhiben la triste realidad de la ausencia del padre. […] Junto con el derrumbe del proceso ritual para la iniciación masculina existe otro factor que parece contribuir a la ausencia de la identidad masculina madura. Este factor, mostrado por la crítica feminista, se llama patriarcado” (15-17)
Y aseguran que el patriarcado debe ser tratado como un resultado de la masculinidad inmadura:
“Nosotros pensamos que el patriarcado no es la expresión de la masculinidad profunda y arraigada, porque la verdadera masculinidad profunda y arraigada no es prepotente. El patriarcado es la expresión de la masculinidad inmadura. Es la expresión de la psicología del adolescente y, en parte, el lado negativo, o alocado, de la masculinidad. […] Nosotros vemos al patriarcado como un ataque a la masculinidad plena, así como a la feminidad plena. Aquellos que se encuentran atrapados en las estructuras y en la dinámica del patriarcado buscan dominar no sólo a las mujeres sino también a los hombres.” (17)
Así, los hombres deben conectar con la masculinidad madura:
“Lo que está faltando no es la conexión adecuada con lo femenino interior, como muchos psicólogos de prestigio suponen. En muchos casos, los hombres que buscan ayuda han sido y continúan siendo avasallados por lo femenino. Lo que está faltándoles es una conexión adecuada con los potenciales de la masculinidad madura. Sus conexiones con esos potenciales están bloqueados por el patriarcado mismo y por la crítica feminista a la poca masculinidad a la que pueden aferrarse. […] Debemos conseguir una sensación de tranquilidad respecto del poder masculino de tal manera que no sea preciso actuar con un comportamiento dominante y agresivo.” (18-19)
Por otro lado, Luis Bonino Méndez asegura que la masculinidad es: 
“lejos de ser un resultado testosterónico o la manifestación de una esencia, es el producto de una construcción histórico-social que se hace carne y alma, al llevar al que nace con sexo masculino a ajustarse a roles y a identificarse con valores, intereses y atributos que la normativa genérica adjudica a la masculinidad: poder, agresividad, logicidad, autoconfianza, sexualismo, repudio de lo femenino y superioridad sobre la mujer.”
Y que el ideal masculino es dañino para los hombres:
“La ineludible tensión entre las exigencias del ideal de masculinidad y las propias posibilidades provoca en muchos varones un enorme displacer que suele disimularse con mecanismos de protección tales como la proyección, la hipermasculinidad, el pacto de silencio entre varones y la culpabilización de la mujer. Mecanismos que ocultan lo que los varones se niegan a ver: sus comportamientos dependientes, sumisos y su constante esfuerzo en proteger el orgullo varonil. Así, exigidos por el ideal a conservar privilegios pasados, fijados a una identidad que se afirma en el tan difícil éxito, y rodeados de mujeres que ya no le rinden culto, muchos varones actuales sienten resquebrajada su identidad, oscilando entre la hiperactividad defensiva hacia las mujeres, la perplejidad paralizante y el resentimiento.”
Resulta en consecuencias dañina no sólo para las mujeres, sino para los hombres también:
“¿Las consecuencias de todo esto?: Los abusos de género, aquellos derivados de la inferiorización y objetalización de la mujer y de los “menos hombres”: violencias físicas, emocionales y sexuales, abandonos o acosos, explotaciones de los cuerpos ajenos, transgresiones de las leyes de la convivencia”. Y también las patologías de género, aquellos trastornos de la epidemiología muestra como predominantemente varoniles, relacionados con el acatamiento conflictual a las formas que la masculinidad impone: patologías de la acción (y la inacción), de la omnipotencia (y de la impotencia), tales como las sexuales, los descuidos corporales, las adicciones, las depresiones por vacío laboral o por pérdida del norte, las sobreexigencias por “dar la talla” y las inhibiciones por no darla.”
En nuestro estudio de los memes, es importante identificar la construcción de la masculinidad a partir de la realización de memes sexistas y antifeministas como manifestación de la masculinidad inmadura de Moore y Gillette, y de la influencia que estos tienen sobre la construcción de roles de género: 
“El mundo simbólico de las imágenes, fundamentalmente la evolución de los modelos de masculinidad en la publicidad y el cine, ha sido objeto de diversas investigaciones que muestran la extraordinaria influencia de los medios de comunicación en la construcción de los roles de género.” (Martín Casares, 2008: 270)





Bibliografía

Martín Casares, Aurelia. (2008) Antropología del género: culturas, mitos y estereotipos sexuales. Madrid: Cátedra

Rodríguez Magda, Rosa María. (1999) “El cuerpo-especie y la verdad del sexo.”, en Foucault y genealogía de los sexos. Barcelona: Antropos/Universidad Autónoma Metropolitana. (211-213)

 Moore, R. & Gillette, D. (1993) La nueva masculinidad: rey, guerrero, mago y amante. Barcelona: Paidós.

Sculos, Bryant W. (2017) "Who’s Afraid of ‘Toxic Masculinity’?, Class, Race and Corporate Power: Vol. 5 : Iss. 3 , Article 6. Recuperado de: https://digitalcommons.fiu.edu/classracecorporatepower/vol5/iss3/6 
Bonino Méndez, Luis. (1997) La condición masculina a debate. Teoría y prácticas sobre el malestar de los varones. No. 4. Área 3: Cuadernos de temas grupales, psicosociales e institucionales. Recuperado de: http://www.area3.org.es/Uploads/a3-4-Condicionmasculina.LBonino.pdf

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Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central de Diego Rivera (comentario)


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Mural realizado por el pintor mexicano Diego Rivera para el Hotel del Prado en 1947. Pertenece al movimiento artístico llamado muralismo. Fue un encargo del arquitecto Carlos Obregón Santacilia. Actualmente se encuentra en el Museo Mural Diego Rivera en la CDMX.



¿Por qué la Alameda Central es un espacio importante para México? De 1592 (fecha de su creación) hasta 1947, la Alameda cumpliría 355 años de ser testigo de la historia de México. Rivera decidió plasmar un México a escala, todo México reunido en la Alameda un domingo por la tarde. Un México sin el paso del tiempo, como en los sueños, donde Hernán Cortes y Francisco Madero pueden encontrarse juntos, pero siempre dándose la espalda. En la pintura se observan cuatro periodos históricos: la Colonia (con referencias a la Conquista), el periodo presidencial de Benito Juárez, el periodo presidencial de Porfirio Díaz y el de Francisco I. Madero. En la pintura los límites entre estos tres periodos se representa con los personajes dándose la espalda.

En mi opinión, el tema de la obra es la Alameda Central, ubicada en el Centro Histórico de la CDMX, a un costado del Palacio de Bellas Artes. Es el parque público más antiguo de América Latina. Su creación fue ordenada por el virrey Luis Velasco en el siglo XVI. El nombre Alameda proviene de la cantidad de álamos que estaban plantados originalmente. Por un tiempo la Alameda fue descuidada hasta que Felipe V solicitó la construcción de fuentes y de más árboles. La fuente que aparece en el centro de la pintura no sería creada, sin embargo, hasta 1853. Es la fuente central de la Alameda, una estatua femenina y debajo de esta se encuentran dos estatuas de aves que también fueron retratadas por Rivera. Se podría decir que la fuente al centro de la Alameda es también el centro de la pintura de Rivera. 

De acuerdo con Rebón Fernández en el cuadro hay más de 150 personajes protagonistas de la historia mexicana, hay otros anónimos, mitológicos y familiares y amigos del propio Rivera. Rivera también se encuentra en el mural, casi al centro, se muestra como un infante que toma la mano de la catrina, representación popular de la muerte en México, quien también le da la mano a su creador José Guadalupe Posada. Quizá la presencia de la muerte sea símbolo de la violencia que hay en la historia de México. Del cuello de la Catrina cuelga una serpiente emplumada, una posible alusión a Quetzalcóatl, dios de la mitología prehispánica, pero además cuelgan del cuello de la catrina unos lentes con un diseño del siglo XIX, quizá resaltando que la muerte siempre ha estado presente en México sin importar los cambios sociales. 

En la pintura de Rivera no se observan álamos, pero sí observamos del lado izquierdo que los árboles torcidos están representados por trazos rectos. En el lado derecho, los árboles, tanto los troncos como sus hojas, fueron creadas con trazos más sinuosos. E incluso algunos de estos árboles están quemándose en un fuego amarillo junto a Emiliano Zapata y unos campesinos, con armas y banderas, exigiendo “Tierra y libertad” y que “Viva Zapata”. Personalmente, las representaciones que más llaman mi atención son (de izquierda a la derecha) los castigados por la Inquisición española. Desconozco si Rivera era católico, pero tiene representado a un religioso con una cruz en la mano derecha y con la mano izquierda señala hacia arriba mientras un cuerpo esta siendo torturado por latigazos. Eso me demuestra que hay un discurso negativo sobre la religión por parte de Rivera. Otro fragmento que puedo relacionar con la clase de Historia de la cultura hispanoamericana es el de una mujer con rasgos indígenas que sostiene a un bebé rubio, mientras que a ambos los abraza un hombre con rasgos europeos. Esto me parece una referencia al mestizaje, clave elemental de la sociedad mexicana. En el espacio que pertenece al periodo presidencial de Porfirio Diaz observamos una clase alta que le da la espalda a las clases bajas. Es casi como si las personas del periodo de Diaz y de Madero fueran opuestos en cuanto a su situación económica. Como ya mencioné, la clase alta le da la espalda a la clase baja. Sobretodo, la diferencia se observa en las dos niñas al frente del cuadro: una sonríe con un vestido blanco, su tez es blanca y sostiene una muñeca. Mientras que la otra niña de tez morena presenta una expresión de sufrimiento mientras que un oficial reprende a su familia. Asimismo, la clase baja esta representada en su mayoría con armas, haciendo referencia a la Revolución mexicana, que buscaba, entre otras soluciones, una regeneración en cuanto a la no reelección de los presidentes. Por lo que observo, no sólo es un mural que habla de la historia de México, sino del propio pintor. Rivera, como todo artista, se inserta en su obra, inserta su vida y su perspectiva sobre la historia de su nación. Sin duda, hay un discurso de denuncia. No considero que este cuadro exalte los valores mexicanos, la identidad mexicana o la historia de México. El mural me parece honesto, en cuanto que recupera los problemas eternos del México de ayer, hoy y del mañana: la corrupción de los gobernadores de la nación, la desigualdad social y la violencia. 

Fuentes

Rebón Fernández, A. (4 de mayo del 2016) “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”.  Antrophistoria [Blog]. Recuperado de https://www.antrophistoria.com/2016/05/sueno-de-una-tarde-dominical-en-la.html

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