Ética profesional y la detección de IA en la universidad


Foto de Kaitlyn Baker en Unsplash


Podemos hacer dos listas con todo aquello que se aprende en una vida. Una lista se dedicaría a enumerar todos los aprendizajes que se aprenden en el hogar y la segunda, todo aquello que se aprende en la escuela/universidad. De una se encarga un padre o madre de familia o tutor, responsable de enseñarle valores, comportamiento educado y ética basada en los principios de la familia. De la segunda, se encargan docentes de varios niveles educativos, quienes formarán en la persona una comprensión del mundo circundante basado en la ciencia, teorías y práctica de saberes disciplinares.

Esta concepción de dos mundos convergentes pero en constante estado de choque es analizada en “El Lugar De La Ética Profesional En La Formación Universitaria” de Antonio Bolívar (2005). Bolívar apuesta por una universidad que enseñe ética profesional y desarrolle valores en los estudiantes. Podemos afirmar que, al menos en la Educación Superior, se crea una nueva lista. Es en esta tercera lista de aprendizajes donde se pretende incluir todo lo necesario para este tercer hogar, el empleo. Incluso aún más importante, el mundo y las comunidades que alberga. Es aquí donde radica la importancia de “enseñar a ser” y “enseñar a convivir” en las universidades, independientemente de lo que se suele pensar.

En la universidad podemos encontrarnos con dilemas que ponen a prueba nuestra ética: 1) Gestión de la información y la propiedad intelectual (respeto por la propiedad intelectual); 2) Nuevas formas de interacción entre docentes y estudiantes en ámbitos virtuales o físicos; 3) Equidad y acceso a la educación superior; y 4) Evaluación justa y transparente. Existen múltiples formas de abordar un dilema como los previamente mencionados. En lo personal, aquel que representa un síntoma de los tiempos es la gestión de la información y la propiedad intelectual.

Hoy en día, tener datos personales e incluso biométricos de una gran parte de la población es como tener un yacimiento de petróleo. Los datos dan vida a la nueva economía global. Al ser algo nuevo, no existen leyes que protejan a ciudadanos digitales del robo de datos personales. Un CEO de una poderosa red social tiene en su mano el control del pensar colectivo de varios países al tener acceso a datos de todos los ciudadanos. Pongámosle nombre: Mark Zuckerberg. Facebook inicia como una ruptura en las normas de la universidad más prestigiosa del mundo, Harvard. El joven estudiante tiró por la borda todos los principios y códigos morales de su universidad, para hackear el sistema web de su universidad y crear un sistema informático que evaluaba el atractivo de jóvenes estudiantes. Ahora es dueño de los datos personales de más de la mitad de la población mundial. ¿Podemos confiar en la ética de un CEO que no le dio importancia a la ética profesional durante su breve paso por la universidad?

Ahora la ciencia de datos nos ha dado la Inteligencia Artificial (IA), la cual puede analizar una cantidad impensable de datos en poco tiempo. Los estudiantes lo han integrado de manera rápida en su proceso educativo personal, pero los docentes aún lo miran de manera sospechosa mientras disfrutan de sus encantos. Caso contrario con los artistas, quienes lo repudian por robo de ideas, estilos artísticos y obras. En un presente donde parece que robar y plagiar proporciona una ventaja competitiva y se recompensa económicamente a quien roba ¿están preparados los docentes para crear una etica profesional en los estudiantes de hoy en día?

La mejor manera de abordar una situción de plagio por IA, es mirarlo no como si tuvieras en frente a la enfermedad sino a un síntoma. Debemos mirarlo de frente y no cegarnos, pues la oportunidad de aprendizaje ético se perdería.

Maneras éticas de detectar plagio:

Utilizar un detector de plagio y de contenido IA de calidad.

Preguntando al estudiante en privado si utilizó IA y de qué manera y creerle cuando responda.

Maneras de abordarlo con el/la estudiante: En privado.

Sin exaltarse.

Con formalidad.

Explicando previamente o al inicio del curso las consecuencias de cometer plagio. Preguntar las causas que llevaron al estudiante a cometer plagio y mostrar empatía.

Los valores del docente deben guiar sus decisiones frente a un dilema de este tipo. Tales como respeto, justicia, confianza, comunicación asertiva, privacidad, profesionalismo, prevención y empatía. Por experiencia personal, los estudiantes, a pesar de reconocer que utilizaron IA suelen tener respuestas impulsivas y negativas de vez en cuando. Lo mejor sería involucrar a los demás docentes y directivos, así como representantes estudiantiles. Siguiendo siempre el protocolo establecido por la universidad.

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